AUTOBIOGRAFÍA
Mi nombre es María Fernanda roa Sandoval,
aun cuando en la cotidianidad poseo múltiples seudónimos, que van desde “Mafer”,
el más común, hasta Chery, de origen más significativo, el Nanda, Ferchi y Fercho,
tienen un uso más familiar…la lista es larga, todo depende a quien le pregunten
cuál es mi nombre.
Nací en la ciudad de Cúcuta (también conocida
como la cuidad verde), el 03 de mayo de 1997, convirtiéndome así en la tercera
hija del matrimonio entre Mónica Sandoval (una nutricionista) y William Roa Martínez
(comerciante y prestamista). Mi niñez transcurrió sin la ausencia de lo
material; convirtiéndome a mis 9 años en una megalómana en miniatura. Nos
mudábamos constantemente a raíz de los negocios familiares, sin entablar lazos
fuertes con nadie, añadiendo este factor en mi personalidad un desapego tal que
rayaba con la frialdad.
Crecí y estudie en aproximadamente 10
instituciones en ciudades como Medellín, Bogotá, Pereira y Urabá, lugares a los
cuales les debo los más anecdóticos y gratificantes momentos.
A la edad de 15 años, fielmente convencida
de que la vida es solo una, e influenciada por la filosofía de vida de Facundo
Cabral y mi anhelo de conocer el mundo, me alisté con mochila en mano para
alcanzar mi deseo de libertad; conocí parte del caribe colombiano (Santa Marta,
Cartagena, Barranquilla) y el eje cafetero, hasta que el dinero lo permitió; un
año después regresé a la cuidad de donde había partido y finalicé mis estudios
con un énfasis en contabilidad y finanzas.
Me convertí en una persona responsable y
estable. Trabajé como secretaria hasta convencerme que no me sentía cómoda en
ese lugar; por azar del destino realice un técnico en hotelería y en medio del
camino me desilusioné de la industria hotelera, de la cual solo me quedaron
conocimientos de servicio al cliente, etiqueta, protocolo y una que otra
enseñanza.
Sentada bajo la sombra de un árbol del
parque Santander, reflexioné sobre mi futuro toda una proeza (para una persona
que cree, que no se debe planear la vida más allá de una semana), entonces tuve
lo que podría llamar una epifanía. Debía ser profesora, siempre observé con
admiración a los profesores de filosofía y de lenguaje siendo ellos punto de
referencia y poseedores de la verdad, (desde cierta perspectiva), llamados a
resolver dilemas fuera de la comprensión de otros. Me dije que debía convertirme
en aquel personaje, y aquí estoy en el año 2018, en medio de mi Lic. En lengua
Castellana y Comunicación; enfrentándome a mi mayor competencia, el “yo
aventurero y errante” y a la espera de un nuevo acontecimiento…


La autobiografía es apropiada. Revisar puntuación.
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